May 11, 2006


Dios finalmente llegó a los "reality shows" de la televisión estadounidense, y contra todo pronóstico y por extraño que parezca, el programa cuenta con el entusiasta apoyo de las jerarquías de la Iglesia Católica Romana.
"God or the Girl" (Dios o la chica) enfrenta a cuatro jóvenes seminaristas católicos a sus libidos durante las cuatro semanas previas a ordenarse como sacerdotes, cuando asumirán el voto de castidad.

En los primeros dos episodios, oportunamente emitidos el Domingo de Pascua en el canal de cable A&E, se vio a Joe, Dan, Steve y Mike sorteando las tentaciones de la vida secular, incluyendo antiguas novias, en su tránsito hacia la sotana. El programa comienza con intensa música dramática, imágenes de un crucifijo y un celestial cielo salpicado de nubes, mientras un incensario se mueve como un péndulo.

"Son brillantes, atléticos jóvenes con ambiciones, amigos para divertirse, e incluso chicas con las que podrían querer casarse. Pero bajo esa apariencia, están confundidos tratando de decidir si son llamados en una dirección completamente diferente", señala el programa.

El show "capta la tensión, el terror y el triunfo" de los cuatro en "la lucha final en la elección más importante de su vida", agrega la presentación.

El más torturado es Joe, de 28 años. En el primer capítulo del programa viaja a Alemania para la celebración del Día Mundial de la Juventud Católica, donde espera encontrarse con una chica alemana a quien nunca le declaró su amor.

Dan, de 21 años y larga melena, dejó de salir con chicas y se une a una jornada de rezos frente a una clínica de abortos. Él mismo decide poner a prueba su propia fe caminando 30 km con una cruz de 40 kg en su espalda.

Steve tiene 25 años y aspecto de niño. Soñaba con hacerse millonario. Ahora le cuenta a sus amigos, ex compañeros de borracheras, su intención de convertirse en cura. Y Mike, de 24 años, no sabe si quedarse con su novia Aly o tomar el camino que le indica su mentor, un párroco visiblemente celoso de la influencia de Aly.

El programa está muy lejos de "Temptation Island" (La isla de la tentación), un "reality show" donde se forman parejas de atractivos chicos y chicas en un paraíso tropical. Tras el estreno de "God or the Girl", la crítica se alegró de que el programa no siguiera el credo del "vale todo" de los "reality shows" estadounidenses, como "The Swan" (El cisne), que transforma jóvenes poco agraciadas en verdaderas Barbies.

"Es sólo 1% de lo grosero que podría ser", señaló la revista en internet Slate, aunque imaginó que "un día eso terminará por llegar" y sugirió un posible "reality show" titulado "¿Quién quiere probar los placeres de la carne?".

El diario The New York Times comentó por su parte que "God or the Girl" "trivializa la decisión (de convertirse en cura) y las profundas creencias" involucradas en ese paso. "Aún así, el show habría podido ser mucho peor", agregó. Irónicamente, el comentario más positivo provino de la propia Iglesia que, tras el escándalo de los sacerdotes pederastas, ha tenido problemas para reclutar seminaristas y ha visto en esta propuesta una vía para captar una audiencia inédita y difundir avisos publicitarios sobre la fe.

"¡Finalmente la telerrealidad se encontró con la religión!", aplaudió la Conferencia Episcopal de Estados Unidos. "La serie ofrece un tratamiento respetuoso de un paso importante en la vida...", indicaron los obispos, comparándola con un documental "serio" de la televisión pública estadounidense. "Los realizadores hicieron todo lo que les era posible para atraer al telespectador con ganchos comerciales y suspenso en el cierre (de los bloques). Y si estos métodos captan a una amplia audiencia para una atípica serie basada en la religión, ¿por qué no?", agregaron.

Después de ver la posición de los obispos, la Liga Católica de Religiones y Derechos Civiles dejó de criticar el título y las promociones que mostraban a una muchacha con una camiseta apretada. Para Robert Thompson, profesor especialista en televisión en la Universidad de Siracusa (norte), un "reality show" sobre seminaristas vende más que un documental desde el momento en que el primero puede manipular más la realidad y el segundo debe limitarse a mostrarla.

"Lo que un reality show de TV hace es tomar la idea de los documentales, que generalmente no son conocidos por captar grandes audiencias, y presentarlo como algo que puede sobrevivir en un medio masivo", dijo.